Llevo cinco años casado con mi esposa, Kana, y hemos intentado tener un hijo, pero sin éxito. Mi padre siempre culpa a Kana, así que para encontrar la causa, decidimos someternos a un tratamiento de infertilidad. Unos días después, el diagnóstico indicó que era infértil. Kana me consoló diciéndome que éramos felices el uno con el otro, que confiábamos el uno en el otro. Pero yo sabía que había mirado la ropa del bebé con cariño. Decidí pedirle ayuda a mi despreciable hermano, con quien no había tenido contacto en años...
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