El marido de Lina falleció en un accidente, y ella se vistió de luto, intentando mostrar dignidad en su dolor. Sin embargo, al sentir aquellas manos sobre ella, se dio cuenta de cuánto tiempo hacía que no la trataban con tanta delicadeza. Bajo el luto, su piel blanca como la nieve se sonrojó levemente, y sus pezones erectos palpitaron suavemente a través de la fina tela. El dolor y el deseo se entrelazaron de forma inesperada, y Lina cerró los ojos, dejándose llevar por la experiencia.
Comentarios