La mujer que acudió al salón de masajes era una chica menuda, enérgica y atlética. Como le era indiferente el sexo, no notó la mirada erótica del masajista ni sospechó de su masaje sexualmente acosador. Solo pudo someterse pasivamente, dejando que su entrepierna y la zona circundante se humedecieran, ¡y finalmente alcanzó el clímax...!
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