Su larga lengua, como de serpiente, lamió el pene y los pezones de su padrastro. El sexo oral en lo profundo de su garganta le hizo gotear saliva. Su útero le dolía tanto que no podía soportarlo sola. Hoy, su hermosa vagina se abrió de nuevo, convirtiéndose en el juguete sexual de su padrastro.
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