En el depravado despacho de la oficinista, durante un descanso entre dos reuniones, pasó un rato agradable con la recién contratada Nikita.
Jesse llevaba un tiempo trabajando para George. Se tomaba muy en serio su trabajo como su asistente personal, y su jefe la apreciaba mucho. Cuando George la puso a cargo de reclutar a una nueva secretaria, Jesse aceptó sin dudarlo. George era un hombre algo pervertido; su relación con sus empleados era muy estrecha, quizás demasiado. Le gustaba que sus asistentes usaran lencería sexy, ropa recatada y, por supuesto, tacones altos. Pero lo que más le gustaba eran las mujeres jóvenes y sumisas. Entre dos reuniones, pasó un rato agradable con la recién contratada Nikita. Nikita no pudo negarse a la petición de su jefe, y antes de que Jesse llegara para entregar su informe diario, le ofreció su ano sin reparos. La noche siguiente, George asistía a una reunión de negocios muy importante, una que determinaría la firma de contratos clave. Como asistente diligente, Jesse demostraría su capacidad para persuadir a los socios de George a firmar dichos contratos. Ninguno de los dos hombres, por supuesto, imaginaba que todos los orificios de su cuerpo se convertirían en sus... garantías. Mientras tanto, Nikita trabajaba horas extras en la oficina, pero no precisamente por motivos laborales. Al poco tiempo, convenció a su atractivo compañero para que la acompañara al baño a una fiesta picante después del trabajo. La primera entrevista de Karina fue un éxito, así que la invitaron a una segunda y última entrevista. Con la ayuda de Jesse, demostraría a su nuevo jefe que contratarla había sido la decisión correcta. Carla y Rebecca, dos empleadas veteranas de George, idearon un plan para chantajear a su jefe y extorsionarle una gran suma de dinero. Tras recuperar todas las grabaciones de vigilancia, visitaron al principal rival de George, Christopher. Las imágenes que vieron en la pantalla eran picantes, pero mucho menos tentadoras que sus propios traseros. Esto les daría tiempo libre para trabajar, y Christopher sabía cómo "recompensarlas" con un apasionado trío.





















Comentarios