Fuyuki, acompañado de su subordinado Yamane, llegó a esta remota aldea de montaña para inspeccionar el proyecto de revitalización rural. Yamane tomó rápidamente su portátil para supervisar el progreso del proyecto. Fuyuki se puso su ropa de trabajo agrícola y le dijo a Yamane: «No traigas la corbata ni el teléfono. Trabajemos juntos en el campo hoy». Yamane, que siempre veía a Fuyuki con su uniforme, quedó cautivado por su sonrisa bajo su ropa de trabajo.
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