Mitsuha, preparándose para los exámenes, está sumida en el lodo. No por la lluvia ni la nieve, sino porque su corazón y su cuerpo están sumergidos en el lodo de la lujuria. Un día, Mitsuha se enamora del hombre que acude a su casa como tutor. Durante sus clases particulares, las palabras de amor susurradas por la mujer hacen que la racionalidad del hombre se desmorone, drenándole irresistiblemente su semen. Degeneran en una relación de amo-sirviente, de amantes de los libros y deseos carnales. Esta es una relación que nadie puede descubrir; en la silenciosa habitación, solo se escucha el sonido de sus genitales al unirse.
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