La madrastra de mi padre, Ayaka, nació de su segundo matrimonio. Es hermosa, alegre y tiene una figura despampanante, demasiado excitante para una virgen como yo. En ciertas circunstancias, descubro que Ayaka solía ser mujeriego. Arriesgándome desesperadamente, me arrodillo desnudo ante ella, rogándole que me deje perder la virginidad. Sorprendentemente, accede...
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