Tras tres años en un internado, por fin llegó el día de su graduación. Estaba lleno de gratitud y alegría, gracias al apoyo de su madrastra, Airi, quien siempre había albergado esperanzas en él. Sin embargo, recibió una llamada informándole que no podría asistir a la ceremonia de graduación... Más tarde ese mismo día, una mujer se acercó a él, sonriendo y saludando: era Airi. Rebosante de alegría y emoción, le dijo: «Celebremos juntos nuestra graduación esta noche», y ella sonrió con dulzura...
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