Nosotras, las nuevas empleadas, atormentadas a diario por nuestra severa jefa en prácticas desde que nos incorporamos a la empresa, éramos como demonios. Para escapar de la realidad, fuimos a Pink Salon, donde nos topamos con ella. Tras entablar una conversación con un "¿Si no quieres que se descubra tu actividad paralela...?", acabamos teniendo sexo. A partir de entonces, comenzaron los mejores días de sexo sin protección, tanto en la empresa como en mi apartamento.
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