Me enteré de que familiares de fuera del condado enviaron invitaciones de boda. Por desgracia, mi padre no pudo asistir por trabajo, así que yo, su hijo, asistí a la boda de dos días con mi madrastra en su lugar. Mi madrastra, que suele llevar delantal y vaqueros, esta vez iba impecablemente vestida con un vestido precioso y maquillaje impecable, lo que me puso bastante nervioso todo el camino... Esa noche, después del banquete de la segunda recepción, de vuelta en el hotel, no pude resistirme a empujar a mi madrastra, todavía vestida de gala, ¡al suelo!
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