Pobrecita, se lesionó jugando voleibol. Corrió a un salón de masajes cercano, pero lo que la esperaba era un masajista lascivo. Incapaz de decir "no me gusta", solo pudo aceptar un masaje en la espalda y el pecho sin relación con su lesión. "¿De verdad es un tratamiento?". Justo cuando pensaba esto, ¡el masaje lascivo se volvió cada vez más intenso! Para cuando se dio cuenta, sus bragas ya estaban empapadas de fluido vaginal. El masajista lascivo le introdujo el pene y la penetró. Poco a poco, eyaculó con una expresión de vergüenza...
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