Mi amiga de la infancia, Noa, es monísima. Pero aunque es monísima, tiene sus defectos: ¡siempre se las arregla para enseñar su ropa interior! Incluso me pega un puñetazo cuando se da cuenta de que la estoy mirando, ¡pero eso también tiene su gracia! Y después de enfadarse, se vuelve increíblemente dulce y cariñosa, que es como cruzamos esa línea…
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