Tras la última grabación, el hombre que esperaba en el vestuario el turno de su ídolo... Un hombre con el que había trabajado en un bar, con quien había tenido una relación sexual, se acercó a saludarlo. La emoción de reencontrarse con alguien con quien había tenido intimidad en el trabajo era indescriptible. Un ídolo aparentemente inocente, no era más que un pervertido movido por la lujuria.
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