Una madre y un hijo que nunca se llevaron bien y discutían constantemente. Un día, durante su habitual discusión acalorada, la madre pronunció con indiferencia una frase que hirió profundamente a su hijo. Impulsado por un ardiente deseo de venganza, el hijo se transformó en una perra capaz solo de pensar en el placer usando sus colmillos. "Por favor, para..." Por mucho que se resistiera, su pene, que no podía sacar, fue entrenado desde lo más profundo de su cuerpo para convertirse en su juguete personal de masturbación...
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