Cada noche, durante su trayecto a la escuela en tranvía, se convertía en el blanco de un pervertido. Los dedos del pervertido, acercándose sigilosamente a ella, le hacían sentir tan bien... Aunque su mente lo odiaba, su cuerpo lo suplicaba... Incapaz de emitir un sonido, no podía creer lo mojada que estaba, sus fluidos fluyendo como hilos...
Comentarios