Mi amado esposo enfermó repentinamente y falleció. Además, dejó una gran deuda porque yo había actuado como avalista para un amigo. Desesperada por estas realidades, no tuve más remedio que aceptar la sugerencia de mi tío... Casi todas las noches me presionaban para tener sexo, lo que provocaba que mi cuerpo se sumergiera inconscientemente en el placer...
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