Las azafatas, al regresar de sus vuelos, acudieron a una clínica de osteopatía cerca del aeropuerto para recibir masajes. Al principio, les masajeaban los hombros o las muñecas... ¡pero de repente! Incapaces de soportarlo más, se arrodillaron y dejaron que el terapeuta les rasgara las medias negras y las penetrara con su pene.
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