Al volver a ver a mi tía y a mi hermana mayor después de muchos años, yo, aún virgen, ¡me quedé mirando fijamente su profundo escote! Me arrastraron a bañarme con ellas como a una niña, y mi hermana, al ver mi pene erecto, tuvo que enseñarme, sin que mi madre lo supiera, lo placentero que es un cuerpo adulto.
Comentarios