Nuestra hermanastra es una dormilona empedernida; una vez que se duerme, no despierta. Aprovechando que no podía despertar, decidí violarla. Me escondí a escondidas bajo las sábanas para observarle las nalgas y la vagina con atención. Ni con fuertes embestidas podía levantarse, así que la penetraba sin permiso todas las noches.
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