En su trayecto al trabajo, Kana fue manoseada. Aunque intentó apartarlo, la prolongada falta de relaciones sexuales con su marido le impidió resistirse a las manos lascivas del agresor, que le producían placer. A pesar de la confusión que le producía la reacción de su cuerpo en público, no pudo resistir las persistentes caricias del agresor… Tras ser tratada como un juguete, Kana finalmente suplicó. En las repetidas experiencias de este placer inusual, su cuerpo sintió un éxtasis que trascendía la infidelidad, sumergiéndola en un clímax irresistible… Y así, hoy, con despreocupada anticipación, subió al tren de cercanías.
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