El día que me dijeron que debía "llevar un traje de baño en el tren a partir de mañana", me obligaron a firmar un contrato para convertirme en el "juguete" de un hombre a cambio de fotos humillantes tomadas en un almacén con poca luz. El tren de la mañana estaba lleno, el aire denso por la humedad y el olor corporal grasiento de los hombres. En esa atmósfera, me quité el uniforme, quedando en el estado anormal de llevar solo un traje de baño. Miradas de sorpresa de los pasajeros a mi alrededor, voces susurrantes de desprecio… Al principio, estaba aterrorizada, avergonzada. Pero las manos sudorosas de los hombres presionando contra mi piel, la manipulación persistente de mis dedos al ritmo de las vibraciones del tren, comenzaron a derretir mi mente. Rodeada de hombres, observada y tocada como una espectadora… en el momento en que me di cuenta de que no era humana, sino simplemente un "juguete sexual de pervertidos", un placer tembloroso surgió. "Por favor… hazme sentir bien también hoy…" Manchada de semen y fluidos vaginales, arrastrándome por el suelo con mi uniforme escolar, esa era mi verdadera yo. Ya no podía volver a ser una colegiala normal y aburrida. Porque soy tan "feliz"...
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