Vi a la gerente quejarse con los miembros más veteranos del equipo de béisbol. Como suplente constante, bajo las órdenes de la encantadora gerente, me obligaban a penetrarme el pene mil veces al día después del entrenamiento... Al principio, todos me envidiaron, pero las dos gerentes siguieron masturbándose después de que eyaculara, lo cual era insoportable...
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