Momoko tiene un hijo único que empezará la universidad en primavera. Sobreprotegiendo a su hijo por amor, un día recibe una llamada diciendo que estaba espiando en un tren. Estos hombres, haciéndose pasar por colegas bienintencionados, le ofrecen a la angustiada Momoko un acuerdo extrajudicial con la condición de que "el niño no continúe sus estudios". Esa condición es "pasar un día con un hombre". Por el bien de su amado hijo, Momoko obedece a los hombres, pero cuando la reprenden, empieza a darse cuenta de sus tendencias masoquistas.
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