Durante los preparativos para el festival escolar, ató con picardía las manos de su compañera Rin, despertando así sus tendencias masoquistas ocultas. Sintió placer al sentir las marcas de las cuerdas y la sensación de estar atada le humedeció la ropa interior. A partir de entonces, ambas comenzaron a participar en secreto en juegos sadomasoquistas en diversos lugares: sesiones sexuales dirigidas por compañeras que «no podían contarle a nadie».
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