En su tercer año de matrimonio, Eri y Kiyoshi mantienen una buena relación, pero su vida sexual se ha vuelto menos frecuente… Aunque Eri se siente insatisfecha, no puede pedirle nada al indiferente Kiyoshi y solo puede masturbarse en secreto para consolarse. Un día, su tío Takeshi, que visita la casa con frecuencia, la ve masturbándose y le dice a Eri, quien intenta desesperadamente ocultarlo: «No hay nada de qué avergonzarse», y luego la obliga a tener relaciones sexuales. Aunque sabe que está mal, Eri sucumbe a la curiosidad y a la insistencia de Takeshi, y poco a poco revela sus deseos ocultos durante mucho tiempo…
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