Dos mujeres, presuntamente de copa G o mayor, acudieron a tratamiento. Como la terapeuta era mujer, permitieron que les tocara el cuerpo sin sospechar nada; les masajeó los senos, les pellizcó los pezones... ¡les masajeó cuidadosamente las zonas sensibles! Naturalmente, se quitaron los sostenes y, bajo el tratamiento del punto G, ¡cayeron finalmente en la trampa de la homosexualidad! La terapeuta andrógina, con un consolador grande, les introdujo vigorosamente en la vagina, haciendo que sus grandes senos se balancearan y se doblaran hacia atrás, ¡provocándoles orgasmos múltiples!
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