Aún sin acostumbrarme a la vida de ciudad, aproveché las vacaciones del Festival de los Fantasmas para visitar a mi tío en el campo. Allí, después de varios años, me reencontré con mi prima Airi, a quien apreciaba desde la infancia. Estaba casada, pero seguía siendo tan hermosa y encantadora como siempre... Su cuerpo esbelto, su sudor empapado, su dulce aroma y su atractivo me impedían reprimir mi lujuria. El calor sofocante y las implacables noches tropicales me hacían sentir como si me hubieran hervido vivo, y mantuvimos relaciones sexuales prohibidas, con los cuerpos empapados en sudor.
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