El silencio de la biblioteca impedía emitir sonido alguno. Incluso si lo atacaban, ¿sería lo mismo? La víctima, repentinamente atacada, temblaba de miedo, intentando reprimir el impulso de emitir un sonido, pues no quería que se viera su cuerpo excitado. Finalmente, un espeso fluido amoroso fluyó entre sus piernas, permitiendo que el pene penetrara con facilidad.
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