"Gulin, Jinghe. ¡Si denunciamos este acoso sexual a la policía, nuestra familia se desmoronará!" Un día, nuestra madre decidió volver a casarse. El padre de su nuevo esposo siempre tenía un ambiente inquietante. Nos miraba a nosotras, las hermanas, con ojos lascivos. Como nuestra madre estaba presente, no nos tocaba. Fue un momento terrible. Un día, nuestro padre, que siempre tomaba el mismo tren, nos tocó las nalgas y las ingles. Mientras nuestra madre no prestaba atención, nos manoseaban a voluntad, casi llorando, pero por alguna razón, la parte inferior de nuestro cuerpo empezó a temblar. Nosotras, las hermanas, violadas en secreto por nuestro padrastro, que estaba prácticamente muerto en el tren, empezamos a volvernos adictas al acoso sexual... Acoso sexual, no... quizá no tan grave...
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