Rin regresó a su pueblo natal tras una larga ausencia. En el pasado, había sido intrépida en esa zona rural, reinando con mano de hierro en la cima de la jerarquía social. El tiempo había pasado y ahora, al regresar de la ciudad, se encontraba en una nueva posición. El nuevo gobernante de la aldea era el hombre sucio al que Rin había acosado en el pasado, un hombre que sudaba profusamente sin importar la estación del año. Ese hombre ejercía su poder, ordenando a Rin que le lamiera el sudor que aún goteaba.
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