Invitada por una colega, fui a una clínica de osteopatía. Aunque me confundió que empezaran a masajearme con el uniforme puesto sin ponerme la bata quirúrgica, ¡una mano lasciva se extendió para acariciar mi hermosa piel! Aunque me resistí, mi cuerpo, descuidado durante tanto tiempo por el trabajo, se arqueó y se dobló hacia atrás, emitiendo sonidos húmedos entre mis muslos... una reacción vergonzosa y sensible. La activa asistente clínica a la que admiraba emitió gemidos seductores, volviéndose bastante lasciva.
Comentarios