La Madre Azusa cocinaba como siempre. Sin embargo, a diferencia de otras familias, se la oía jadear con frecuencia. Era porque su hijo le frotaba los pechos mientras ella preparaba la comida. La madre no se negaba a que su hijo le acariciara sus hermosos pechos. El hijo le frotaba los pechos todos los días. De joven, no se conformaba con solo frotarle los pechos...
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