Un amigo me la presentó un viernes por la noche cualquiera. «Creo que podría ser mi alma gemela. Deberías ir a buscarla», dijo mi amigo riendo, mientras ella sonreía dulcemente a su lado. En el instante en que vi esa sonrisa, algo dentro de mí reaccionó automáticamente. Su aroma, su voz, sus gestos, sus ojos… todo estimuló mis sentidos. Fue casi como si me tocara, aunque en realidad no me había tocado…
Comentarios