Me encontré de nuevo con la chica con la que trabajaba en una discoteca en la calle. Era tan entusiasta en sus insinuaciones que me sentí increíblemente incómodo. Como me desagradan las mujeres ruidosas como esa, al principio asumí que era una violación. Cuando despertó y empezó a resistirse, la tiré al suelo de un manotazo y luego la dejé entregarse a su libertinaje, convirtiéndola en una adicta al pene. Empezó a recurrir a la violencia, volviéndose sumisa...
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