Debido al error de su presumido esposo, la empresa sufrió enormes pérdidas, y su esposa, Himeka, se vio obligada a convertirse en secretaria del presidente Ozawa como compensación. Convertirse en secretaria... era para "curar" al presidente. Como para poner a prueba su determinación, Himeka y Ozawa intercambiaron un beso profundo y obsceno, un gesto conocido como contrato. Este fue solo el comienzo de los actos lascivos diarios entre Himeka y Ozawa en la oficina del presidente. Ozawa, sintiéndose superior, hizo esto junto al esposo de Himeka, diciendo: "Le he puesto los cuernos a su preciosa esposa...".
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