Esta vez, ¡los objetivos eran cuatro azafatas y dos recepcionistas! Las hermosas azafatas, con sus encantadoras sonrisas, detuvieron el tiempo mientras el avión despegaba, besándolas y lamiéndolas con fuerza. Tras usarles vibradores eléctricos, el tiempo se liberó y la operación continuó, creando caos a bordo y terminando en una broma con eyaculación. Las recepcionistas fueron sometidas a un acto vil e inhumano: les penetraron la vagina con una pancarta publicitaria que decía "¡Sala de muestras abierta!".
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