Perdí el último autobús en la fiesta de la empresa. Desesperada, le pedí ayuda a Maya, la gerente de al lado, pero me dijo que no podía pagar el taxi, el alojamiento ni otros gastos, lo cual me preocupaba. Justo entonces, Maya me sugirió: "¿Por qué no te quedas en mi casa?". Al principio pensé que era la casa de una empleada, pero como Maya era muy discreta, decidí aceptar su oferta. Sin embargo, cuando Maya se quitó las gafas y se puso el pijama, resultó ser una chica guapa y con mucho busto.
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