Recibir elogios del amigo de mi esposo, Sugiura, casi me hizo perder la razón. Nunca antes me había elogiado un hombre, y me hizo olvidar que soy mujer. Aunque sabía que estaba mal, me sentí tan bien cuando Sugiura me vio en mallas que tenía la entrepierna completamente mojada, el cuerpo ardía y el deseo desbordaba...
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