Mi tutora, la Sra. Lan, siempre me enseñó a leer con una sonrisa amable. Después de que empezó a darme clases, mis notas mejoraron gradualmente. Sin embargo, la verdadera razón era que cada vez que mejoraba mis notas, me recompensaba con su lengua lasciva, húmeda y pegajosa, goteando saliva mientras me lamía el cuerpo. Por eso, siempre estudiaba mucho...
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