Aunque me pisen o me den un codazo, no pasa nada. Cada mañana irradia felicidad. Me encuentro con esta chica todas las mañanas en el tranvía lleno de gente. Debe ser popular en la escuela. Un ángel que me refresca desde la mañana. Un día, la presencié mientras la acosaban. No solo no la ayudé, sino que me excité e incluso tuve una erección, solo observando. Al día siguiente, se paró frente a mí. Mientras el tranvía se balanceaba, mi mano tocó su trasero... Si perdí una oportunidad así... Ayer no me resistí. No pasa nada, metí la mano con cuidado bajo su falda. A partir de este acoso, nuestra relación se volvió extraña...