Dios mío, ¿he hecho algo mal? Meng es una alumna importante para mí. Siempre tiene una sonrisa en el rostro y me admira profundamente. Al ver su inocente sonrisa, no pude evitar encontrarla adorable, incluso siendo su profesora. Un día, dijo que quería tener sexo conmigo. Se desabrochó el uniforme, exudando un aroma juvenil, dejando al descubierto una piel translúcida, deseando con ansias que la penetrara...