Mi sobrina y mi tío vinieron a casa durante sus vacaciones. La niña, a quien hacía tiempo que no veía, seguía tan linda como siempre, llamándome "hermano mayor". Y, como cuando éramos pequeños, no dejaba de sentarse en mi regazo y frotarse contra mí. Esto me hizo incapaz de resistir la erección, y a escondidas, a espaldas de mis familiares, ¡la penetré!
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