¡Recogimos chicas locas y comíamos a mansalva! Con alguien cerca, ¡no podía ni siquiera hacer ruido, sintiendo cómo me apretaba las nalgas! ¿Y si me pillaban? Entre el miedo y la necesidad de ayuda, ¡los dedos de la profesora podían jugar con mis pezones y genitales a voluntad! ¡Su comportamiento se volvía cada vez más raro! No solo jugaban con mis zonas erógenas, sino que también me mordían y chupaban el pene... ¡y por fin, acción! Tengo muchos hijos sensibles, así que no puedo...
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