Bajo la presión de su exigente trabajo como cuidadora, se enfrenta a un marido que prioriza el trabajo sobre la familia… En días en que se esfuerza incansablemente por los demás sin recibir nada a cambio, Iyo se dice a sí misma: «Mientras pueda ayudar a los demás, podré mantenerme». A pesar de este autoánimo, su corazón ya está al límite. Un día, durante una visita, Morita, una antigua profesora, percibe sus emociones ocultas… En un momento de vulnerabilidad que se le escapa involuntariamente, y con el aliento y el abrazo de Morita, se da cuenta de que se ha liberado de su dolor. Entonces, en el beso repentino y apasionado de Morita, Iyo acepta gradualmente todo…