La trabajadora inicialmente me reprendió por sospecha, pero tras confirmar mi inocencia, cambió por completo de postura y me exigió que le lamiera los pies como disculpa. Incluso durante la agresión, me fulminó con la mirada, aguantando el orgasmo mientras se resistía. No tuve más remedio que obligarla a beber un afrodisíaco, lo que provocó que sus ojos se pusieran en blanco, que su espalda se arqueara y que su cuerpo sufriera espasmos y perdiera el conocimiento, lo que resultó en un orgasmo. IENE-516
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