Encontré mi rincón secreto en la oficina. Los oficinistas, decaídos, usaban este rincón a escondidas para masturbarse, a través de las medias y la ropa interior, ¡experimentando un placer intenso! Se frotaban con fuerza, con los desgarrones de la ropa interior claramente visibles, ¡y finalmente llegaban al orgasmo! Sabían que estaba mal, pero una vez enganchados, no podían liberarse. Era un acto secreto que nadie conocía.
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