La lengua de su suegro recorrió con obstinación los mismos puntos que había tocado. El calor se filtró profundamente en su cuerpo, haciéndole temblar ligeramente las rodillas. "...Ese tipo de lengua, no sé..." Un atisbo de confusión escapó de sus labios, y su suegro sonrió con placer. Los días de vacío y sed, desatendidos por su esposo, fueron de alguna manera sanados por la saliva de su suegro. Bajo las constantes y pegajosas caricias, su cuerpo y alma respondieron gradualmente obedientemente. Más que los dedos, fue la lengua. Más que la lengua, fueron los labios pegajosos. Cada vez que la frotaban, la chupaban y la entrelazaban profundamente, exponía su esencia femenina. En la lucha entre la vergüenza y la excitación, el asco y el éxtasis, solo el placer emergió inconscientemente. "¿Quién crees que hizo que este cuerpo se sintiera así?" Al oír el susurro en su oído, su columna tembló por reflejo. Esta era la historia de una esposa que se había convertido en un cascarón vacío de razón, anhelando amor. Y luego, el registro de un cuerpo degradado, educado por la lengua de su suegro.