---

Cuando se habla de actrices de esa época que mejor combinaban los cuatro elementos fatales de "alta, de piel clara, piernas largas y glúteos hermosos", el nombre de Tatsumi Yui es casi inevitable.
En 2008, irrumpió en la escena como reina de las carreras. Con su figura de modelo de 168 cm, cintura de 60 cm y pechos de copa F, abrió un nuevo camino como Moisés abriendo las aguas del Mar Rojo en una época donde lo "pequeño y adorable" y lo "voluptuoso y con mucho busto" dominaban el mercado. Así, el ideal de "alta, delgada y con pechos grandes" quedó grabado en la historia de la industria.
---
El año de su debut, innumerables agencias de talentos se dieron cuenta de repente de que unas piernas largas y esbeltas podían irradiar un atractivo tan cautivador. No recurría a atributos físicos exagerados para llamar la atención, sino a una elegancia natural que dotaba a cada una de sus obras de una cualidad única. Ese encanto indescriptible en cada uno de sus gestos era casi imposible de replicar para cualquier otra actriz de su generación, y esta era su seña de identidad más preciada.

---
Siete años, más de ochenta obras: su contrato exclusivo con "Alicejapan" ha perpetuado una trayectoria legendaria pocas veces vista en la industria. Cada obra es como un capítulo de una larga novela, intrigante y que deja con ganas de más. Y el camino que recorrió, diez años después, se ha convertido en una amplia autopista: Asou Nozomi, Hashimoto Arina, Yamate Ria, estas actrices altas que luego se hicieron famosas, siguieron sus pasos para alcanzar el estrellato. En 2015, decidió poner fin a su carrera como actriz con una despedida emotiva pero elegante. No hubo prisa, ni arrepentimiento, solo la silueta de una mujer que brilló con intensidad en el escenario, haciendo una reverencia final con gracia. El título "Un lamento por una mujer Showa" no podría ser más apropiado: capturó el encanto único de una época, una belleza que permanece inolvidable incluso hoy.