Soy profesora y tomo el tren abarrotado a diario para ir a la escuela. Me faltan unos años para jubilarme. A diario, en el tren, veo alumnas deslumbrantes y adorables. Un día, presencié cómo un pervertido acosaba a una de ellas. Quise ayudarla... pero, sin querer, le toqué la entrepierna... Le cometí acoso sexual... "Eh... profesora... ¿qué haces...?" ¿Me van a expulsar por esto? Pero... esa alumna está moviendo las piernas, intentando acosarme sexualmente... Eh... Y... tiene pérdidas de orina... Mientras tocaba el fluido que goteaba de su vagina, el acoso sexual se descontroló. No... quiero morir.